Cariños Complejos

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Berlín, Septiembre 2017.

Por: María Mónica Acosta

PRECAUCIÓN: SI NO SE HAN TERMINADO LA ÚLTIMA TEMPORADA DE BLACK MIRROR, NO SEGUIR LEYENDO. 

Después no digan que no les advertí. 

Se puede decir de la cuarta temporada de Black Mirror, que no es la mejor que han tenido, excepto por un episodio. Se llama Hang the DJ y muestra cómo Amy y Frank se conocen a través de un sistema que está diseñado para encontrar a tu pareja ideal. Hay un tiempo determinado para estar con la persona, pueden ser horas, meses o años y una vez se acabe el tiempo, se deben seguir las órdenes y despedirse de esa persona.

Los personajes siempre tienen miedo de no seguir las reglas y que los expulsen del sistema. Ese miedo es causado porque el sistema hace todo por ellos, no tienen que decidir nada, ni pensar, ni cuestionarse, el sistema les dice con quién deben estar y les asegura que deben hacerlo. Es lo mejor para ellos, así terminen sintiéndose vacíos después de estar muchas veces con muchas personas.

El giro del episodio se da, cuando los protagonistas no quieren que se acabe su tiempo juntos (a pesar que una vez se separen pueden conocer a su pareja ideal)  y se rebelan contra el sistema, luego de superar una decepción entre ellos. El sistema es una simulación  de una aplicación de citas entre los personajes de Frank y Amy de la vida real. Crudo, bellísimo y muy diciente de nuestra actualidad romántica.

Pero el amor no es eso. El amor no es desafiar las reglas una vez o superar una decepción una sola vez. Conocerse y jugársela por una persona es solo el principio. Lo principal, lo difícil, lo duro, lo valioso es hacer eso todos los días por esa persona que escogiste, que probablemente es muy distinta a ti, que no te encanta todo de ella/el pero que escogiste porque quieres estar a su lado en todas las curvas que te tire la vida y para disfrutar de los momentos felices que puedas tener.

Sin tener ningún sistema que te asegure que estás tomando la decisión correcta, eso (gravemente) solo lo puede saber uno (que alivio).

El amor es saltar (literalmente) al vacío con esa persona sin saber qué viene, pero con la certeza que su compañía hará el trayecto más placentero (casi siempre) y podrás aprender de esa persona cosas que sólo ella podrá enseñarte.

El amor no es perfecto. Viene con decepciones, con dificultades que se tienen que perdonar y dejar atrás, con las diferencias que de algún modo tienen que ser conciliables. Con momentos difíciles que no siempre llegarán en cuotas sino todo junto, pesado y revuelto.

El amor es renunciar a esa ilusión que construiste de tu pareja, que es cómoda, que no molesta, que no te reta y que no es real porque te la inventaste en la cabeza. Es desapegarse del cuento de hadas e inventarse uno de verdad.

El amor de verdad es cuando Frank y Amy se rebelaron contra el sistema 998 veces de 1000 simulaciones. El amor es para los valientes.

No se conformen con nada menos que eso, feliz día de San Valentín.

P.S. Silvia no está creyendo en el amor actualmente y les dejo esta playlist en Spotify: https://open.spotify.com/user/12128520717/playlist/3fLlLhBGY3vg4GwVvXMLK8?si=102i_7tJS2We91BzvE_nvQ

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Mis cuatro babys

Cuando alguien me dice que todos los hombres son iguales me dan ganas de traerlo a mi casa, presentarle a los cuatro hombres con los que vivo, y mostrarle que no.

Por: Silvia Juliana

Seguro si eres mujer y leíste que vivo con cuatro hombres hiciste esta cara:

Porque piensas que vivir con cuatro hombres debe ser complicado, sucio, desordenado o ruidoso. Si eres hombre, no sé qué cara habrás hecho, además este post se trata de no generalizar a los hombres, así que continuemos.

Vivo con cuatro de mis 500 primos (como dice Adriana Mangones), principalmente porque en mi familia nos enseñaron que todos somos una red de apoyo y si alguno necesita una mano puede acudir al otro, por eso esta casa parece un Airbnb al que llega y se va gente según sus necesidades. Vivir con ellos ha sido una enseñanza larga de convivencia, en la que he aprendido que cada persona tiene una manera de ser, que alguien que parece muy plano por fuera, es quizás un rollercoaster ride de emociones por dentro, y que a nadie le gusta lavar los platos.

De estos hombres con los que vivo les cuento que tres son enamoradizos a morir y les duran las tragas, así como a mí. Uno cocina delicioso, mientras que a mí solo me sale bien el arroz. Otro siempre llega del trabajo y nos pregunta a cada uno cómo nos fue en el día. Alguno se pone los zapatos en la sala y deja el spray para la pecueca en la mesa del comedor, divino. 

En esta casa es normal escuchar gritos como:

 “PRIMO, NO SEA SAPO”

“No vales mondá”

“Papi cállate”

Y la clásica cantada de falla machista: “aaaaaanda es cagá”, sin que nadie se ofenda. El Xbox está prendido todo el día y juegan Fortnite, Fifa o Call of Duty (no podría saber tantos nombres de videojuegos si no viviera con estos tipos). También se escucha reguetón sagradamente y tindereamos en equipo.

En realidad llegar a mi casa es como estar en un sitcom típico gringo y con mal guión: chica vive con varios hombres. Esto es como New Girl, la serie que pasaban (¿o pasan?) en Fox, solo que no me doy besos con ninguno de mis roommates porque qué asco.

Por ejemplo, nosotros un sábado (sin la amiga que está buena):

O mi primo, el que también está entusado, y yo hablando un domingo a las 7 de la mañana, después de levantarlo porque no puedo dormir:

New Girl Jess GIF

Y bueno ¿cómo es vivir con cuatro hombres siendo una feminista? Retador. No trato de evangelizar, ni de cambiarlos, ni de enseñarles de nuevas masculinidades, pero aparentemente han aprendido con el ejemplo. A veces estoy en mi cuarto y los escucho hablar de mujeres, cuando creen que no estoy prestando atención (jajaja), siendo “hombres” en su totalidad: “mírale el jopón”, “qué tetas”, “es perra”; esos son los momentos en que me toca ser shady y decir al aire cosas como “wow, el heteropatriarcado se está apoderando de esta casa”. 

Vivir con mis cuatro babys ha sido una de las experiencias más bacanas de mi vida, a pesar de que sí, es complicado, sucio, desordenado y ruidoso. 

Religión, guerra y feminismo

A la mayoría de niñas y mujeres nos han criado con base en estigmas sociales, provenientes de la mentalidad retrógrada y machista de la Edad Antigua, alimentada por algunos movimientos católico-políticos que se fueron gestando a través de la historia. Sin embargo, para estos movimientos represivos también existieron opositores y valientes pensadores que combatieron las ideas de opresión hacia el pueblo, con especial atención hacia el género femenino.

Por: Inés Páez*

Generalmente se cree que el feminismo es un movimiento que existe desde el siglo XX entre los años 60-70, sin embargo, los movimientos sociales de las mujeres han existido desde la Edad Media, fortaleciéndose en el Renacimiento y teniendo un auge en la época actual. Aunque actualmente se hable de la desigualdad de las mujeres en la sociedad, el tema no es nada nuevo.

Problemáticas anotaciones

París, 31 Rue Cambon.  Septiembre 16, 2017.

Por: María Mónica Acosta

Gabrielle Chanel empezó vendiendo sombreros sencillos. Contrario a los sombreros estilo fruteros que se ponían las mujeres de esa época, pesados, con demasiada cosa. Ella no entendía cómo podrían moverse con libertad y pensar entre el corsé, el sombrero pesado y los vestidos abultados.

Y por eso se vestía como un bicho raro, con vestidos holgados, de negro, sin colores y sencilla, algo que siempre plasmó en sus diseños y que heredó de las monjas del orfanato donde creció. Chanel nos regaló la posibilidad de movernos más libremente. Y en esa dirección, la de la foto, fue donde tuvo su primera tienda.

Hay un podcast que discute estos temas, de como ciertas cosas (como la ropa) limitan ciertas libertades en las mujeres. Por ejemplo, ¿cuántas veces se han querido ir de una fiesta/lugar pero tienen que devolverse por la cartera? Porque la mayoría de la ropa para mujeres NO TIENE BOLSILLOS.

Emilie Aries y Bridget Todd abordan este y muchas situaciones más en Stuff Mom Never Told You, en uno de sus más recientes episodios llamado “Problematic Faves” que trata de Taylor Swift.

Swif tiene éxitos y bollos en la misma proporción. Habló antes de pensar con Nicky Minaj, cuando lo que Minaj estaba haciendo era criticar a MTV por nominar siempre mujeres altas y delgadas, e invitó a Swift a unirse en la discusión sobre este asunto, Taylor fingió demencia y mantuvo un silencio cómplice.

Una actitud que me recordó a lo que alguna vez una amiga costeña me dijo: “por ser mujer estás en desventaja, mejor aprovecharse de eso”. A lo que mi amiga se refería era a que a punta de coqueteo o de insinuaciones obtener beneficios.

Y ese pensamiento me parece problemático.

Es problemático porque un día vas al banco a hacer una diligencia y el asesor no te soluciona el problema, solo te hace preguntas incómodas y para “halagarte” y quitarte la cara de incomodidad, te dice que te pareces a Paulina Vega. 🤷🏽‍♀️

Le tratas de decir que tienes novio, porque como a uno solo lo ven como un objeto, a lo mejor el tipo para de acosar si le dices que YA estás con otro. Va a tocar ir al banco con mi novio, lo cual es poco práctico y limita mi libertad de movimiento (si ven como eso se repite y se repite?)

Pero sigan creyendo que ese pensamiento nos va a llevar a algún lado (que la marimonda es Mickey). Tanto quedarse callada en una situación injusta para otros, como recibir ventajas a punta de reforzar concepciones machistas que al final del día no hacen más que hacernos daño a las mujeres que ya estamos aquí y a las que vienen. Esas actitudes solo logran que nos vean y nos veamos como cosas y no como personas, como seres humanos.

Especialmente si eres una mujer de la costa.

Si creces en ese lugar te enseñan que ser mujer es sinónimo de ser bella. No entiendo eso, no entiendo por qué debemos serlo todo el tiempo y no cuando se nos de la gana, si es que se nos da la gana.

No entiendo por qué el ideal es ser modelo o reina de belleza (porque pues las reinas y princesas de la realeza nacen, NO SE HACEN y su belleza poco tiene que ver con su título). Las costeñas siempre debemos estar arregladas desde el pelo hasta los pies, con mil cremas/chicles/splash (?) y ser lindas y flacas.

Flacas. Como si las mujeres costeñas vinieramos empacadas todas en un bolsa de diabolín y vinieramos del mismo molde.

Es un deber de todas (especialmente si eres costeña) observar, analizar y criticar este estereotipo, que no es exclusivamente costeño. A la mayoría de costeñas aman serlo y todo lo que eso implica, (dícese del suero, el frito y el bollo (el de maíz no los problemas de TS)) pero yo pongo la raya en estos temas porque las costeñas y todas las mujeres del mundo, antes que todo, son humanas y tienen derecho a ser lo que quieran mientras ellas lo que quieran.

Hasta a las que llegan al otro extremo de dárselas de no ser costeñas para ir en contra de este estereotipo. No se trata de eso, sino de mirarno en el espejo y ver las situaciones, las “tradiciones” que terminan siendo problemáticas.

A Marcela García Caballero le hace falta pensar en esto por incitar a hacerle bullying a la gorda de la clase para que salga corriendo a Miss Universo. Y si era un chiste, QUE MAL CHISTE. Hemos avanzado como humanidad sobre este aspecto para incitar a comportamientos así.

Las mujeres estamos en un momento donde estamos consiguiendo que nos vean y traten como lo que somos, como personas que simplemente queremos ser lo que sea que queramos ser.

P.S. Gracias a Federico Soto, que ayudó a inciar esta discusión y a Adriana Mangones.

De nuevo hablando de expectativas

El viernes pasado, en medio de la excitación que me produjo haber superado satisfactoriamente un examen para una beca, publiqué:

Por: Silvia Juliana

El tuit fue recibido con alegría, muchos corazones, muchos retuits, y también varios comentarios que aunque sé no fueron mal intencionados, me pusieron a reflexionar en lo que quise decir y cómo se leyó: esta niñita lo logró todo, qué privilegio.

Varias personas dijeron que qué afortunada, que ellos aún andaban en esas, que “¿por qué esto a mi no me pasa?” y hasta el ya trillado “goals”. La verdad, amigos, es que evidentemente me falta mucho camino por recorrer y que no me gusta, ni quiero, crear expectativas falsas al estilo lifestyle influencer. No espero ser goals, no quisiera que la gente se sintiera atrasada o menos que otro porque algunos “ya la hicieron”, todos andamos a nuestro propio ritmo.

El tuit en cuestión nació luego de una mini reflexión mientras me tomaba un tinto en Los Andes, que es la universidad donde estudio ahora y es donde quería estudiar cuando tenía 16 años. A esa edad, donde tuve que empezar a pensar qué quería hacer y quién quería ser, soñé con estudiar una carrera cercana a los estudios culturales en Los Andes, sin embargo, mi mamá que esperaba que estudiara algo que “de verdad” sirviera en la vida me dijo que no iba a botar la plata así. Por eso, terminé estudiando Periodismo que es una carrera que amé y que no estudié obligada tampoco (aquí se pueden reír todos mis colegas que saben que esta profesión no es que nos haga millonarios).

A los 16 años pensaba que no servía para absolutamente nada, que ninguna de mis habilidades, que en realidad se resumían a poder juntar un par de palabras y que se leyeran “bien”, se comparaba con las de mis compañeras que podían cantar, bailar, dibujar o entender las matemáticas a la primera explicada. Soñaba con que algún día lograra perder la pena, que me leyeran, dar mi opinión, vivir de leer y discutir y escribir.

Hoy me siento segura, logré estudiar una maestría a fin a las humanidades en la universidad que había querido (por favor, que esto no se entienda como que no quiera y respete al Rosario, que es de donde me gradué y además donde trabajo), me la paso leyendo y debatiendo, escribo reseñas, me sueño proyectos, hay una pequeña comunidad de gente que lee mis opiniones y, creo, le gusta.

¿Ven? Eran unos sueños más o menos sencillos, no esperaba ser millonaria, tener casa propia, cambiar de carro anualmente, yo solo esperaba poder entender de qué era capaz y qué podía hacer por mí misma.

Quizá las personas que me escribieron que lo logré rápido ya tienen todo esto, o quizá estén en el camino a conseguirlo. En todo caso quiero que entiendan que no estoy ni cerca a lograrla, pero que sí voy en el camino que me soñé y esa es la felicidad pura que llevaba buscando desde los 16.

Los “turcos” y su extraña cercanía

Dürum. Mustafa Gemüse Kebab
Berlín, 2017.
 Por: María Mónica Acosta

Los árabes o como yo los llamo, los turcos. Así sean del Líbano, de Siria, de Irán, siempre les he dicho turcos, pero hasta este año fue que conocí a un turco de verdad verdad, nacido en Turquía. El que hace los döner en Berlín.

Si le preguntas a un libanés te dirá que ellos se inventaron el shawarma, y lo mismo dirá el turco y el iraní, y no vayas a decirles que todos son lo mismo porque te irá igual de mal a que le digas a un venezolano que es idéntico a un costeño colombiano.

Haciendo la larga fila que con buena razón se arma para comprar el dürum de Mustafa Gemüse Kebab, (es el mejor döner de Berlín sin duda), llegó el silencio prolongado de estar esperando, y yo que no aguanto ni uno cortico, algo le pregunté al que estaba al frente mío en la fila. De lo que siempre hablo, que tenía hambre y la fila nada que se movía.

Era un hombre bajito, joven, pálido, con sonrisa grande y cálida, de pelo rubio y ondulado pero su acento en inglés no era el de un alemán. Le pregunté de dónde era y en ese acento raro me dijo “sirio”.

Sirio pensé, como todos los que he visto en las noticias. Como el niño que se limpia el polvo y la sangre de la frente en una ambulancia por el ataque que sobrevivió.

Creo que abrí mucho los ojos pensando en eso, porque me volvió a sonreír. Para dejar mi torpeza, le pregunté cuándo había llegado a Berlín y me dijo que tres meses antes, había llegado caminando con un amigo, había caminado 20 días.

Y me dijo eso como si fuera lo más natural del mundo.

Otra vez volví a abrir mucho los ojos y esta vez él se rió. Me contó que su mamá era rusa y su papá sirio, por eso no parecía árabe excepto, se reía, por su nariz. Sus papás estaban en ese momento en Rusia. Él no había podido salir del país con ellos porque ya lo habían llamado al ejército, por eso decidió volarse.

Me decía que todos los políticos de Siria estaban locos. Que se estaban matando entre ellos. Tajan (no sé si escribe así su nombre) estudiaba derecho en Damasco, le gustaban los derechos humanos y quería especializarse en ellos.

Quería.

Me decía que ya no creía en los derechos humanos porque realmente no existen. No con todo lo que está pasando en Siria. Tajan no quiere seguir estudiando derecho en Alemania, dice que estar solo en Berlín es duro, pero una vez aprenda alemán y pueda mantener su trabajo (limpia y arregla cosas en hoteles) todo va a ser wunderbar.

Tajan nunca dejó de sonreír en toda la charla que tuvimos.

No tuve corazón para preguntarle en detalle cómo fue esa caminata de 20 días porque con lo poco me contó en un inglés estándar, y la expresión que hizo con sus ojos, entendí que era mejor no saber. Tajan habló con los turcos (de verdad) de Mustafa y les dijo que yo quería de todo en el dürum y que por favor me echaran mucho mucho de todo lo que había. Hablamos del arroz de almendras, me dijo que en Siria no había tabbuleh, pero sí falafel, me preguntó sobre el proceso de paz en Colombia y hablamos de lo difícil que es que el mundo entienda el problema de tu país con todos los matices.

Me dijo que Damasco era una ciudad hermosa y que ojalá lo volviera a ser después de la guerra pero que él no volvería. Me mostró fotos de la clase de alemán en la que está con otros refugiados, en su iPhone con pantalla muy rota, me podré imaginar cuándo se volvió así. Dijo que tenía el cerebro recalentado entre el alemán, el inglés, sirio, turco y las palabras en español que le enseñé. Nos despedimos y espero que siga con la misma sonrisa. Me quedé con las ganas de darle un abrazo.

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Una noche después de caminar más de 18 kilómetros según los datos del celular, me estaba partiendo de hambre. París es una ciudad obscenamente cara, y por un momento sentí lo que deben sentir los turistas en Cartagena. Entramos a un restaurante libanés y decidimos ser los Rockefeller por esa noche y no fijarnos mucho en el precio. Mi novio (que no es costeño) no salía del asombro por el señor que nos atendió. Podría ser el papá de cualquiera de las niñas con las que fui al colegio, con gafas de vidrio y marco dorado delgadito, trigueño, pelo canoso cortico y una camisa de rayas de color tierra con gris vaporosa, pero no era un cartagenero, el señor era del Líbano.

El restaurante era de una familia y al parecer algunos familiares de ellos habían apartado una mesa que atravesaba el lugar. Cualquier parecido con mi realidad, ¿era coincidencia?

Estaban varias tías, sobrinos y sobrinas. No pude entender bien qué celebraban pero se paraban, tomaban, un sobrino alborotaba a todas las tías para que bailaran y al sobrino menor le tocaba aprender a bailar con la tía. Le subían a la música, los del restaurante los mandaban a sentar y le volvían a bajar el volumen, comían otro poquito y otra ronda de lo que tomaran pasaba y otra vez se repetía todo.

Cualquier 31 de diciembre con mi familia es así:

 

Comimos mientras veíamos la fiesta, a la cual claramente nos invitaron por si queríamos bailar. Pero como les dije, mi novio no es costeño.

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Baklava y licor de dátiles.  El Farès. París, 2017.

Con los turcos siempre me siento como si fueramos los mismos, incluso en París y en Berlín.

Pienso en todos esos turcos (les dicen así porque llegaban con pasaporte de Turquía) que llegaron a Puerto Colombia, que necesitaban salir de su país como Tajan y aquí llegaron y por medio de la comida,  de su idiosincracia se mezclaron tan bien, que hoy yo aunque no tengo ningún turco en mi familia, me siento muy cerca a ellos.

También pienso en todos los que necesitan llegar a algún lado, como los venezolanos, como nuestros propios desplazados, a los que todavía les debemos una ayuda, porque el desplazamiento en Siria no fue de algunos, fue de todos. La vida de Tajan en Siria no era muy distinta a la mía en Colombia. A los que no nos tocó el conflicto colombiano es porque somos muy privilegiados y lo primero que tenemos que hacer es reconocer ese privilegio.

P.S. Bienvenidos todos los inmigrantes. Excepto tú Musa Besaile, tú eres el típico ejemplo de por qué la gente no quiere recibir a los inmigrantes.

Weinstein y los que faltan #MeToo #YoTambién

East Side Gallery, Berlín. 2017
Por: Silvia Suárez & María Mónica Acosta

Cuando salió el escándalo de Harvey Weinstein (que se llevó por delante a Matt Damon y Ben Affleck) me acordé de lo que siempre me dijo mi mamá. “Nena, ese mundo del espectáculo es horrible. Los hombres siempre están abusando de las mujeres”.

Y la señora tenía toda la razón.

La productora que más me gustaba, la de las películas de Quentin Tarantino, resultó ser un espacio abusivo con las mujeres con las que trabajaban. Pero no solo es The Weinstein Company, es los trabajos que he tenido, es las veces que he salido a la calle y algún tipo me dice una barbaridad, la vez que me desperté con un morado en la cara o la vez que en mi nuevo trabajo me encontré al que me dejó el morado en la cara y ahí sigue trabajando porque ¿qué voy a hacer?

Y aún así no decimos nada ¿Para qué?, ¿para que lo victimicen más a uno?, ¿para que me digan “hay que exagerada, obvio lo hizo sin intención”, “fijo tiene malos tragos”, “no te creo, no inventes”? Para los hombres siempre hay una excusa.

Esta semana pudimos ver en Twitter un montón de historias con los hashtags #MeToo y #YoTambién, así como historias anónimas con las que varias mujeres se animaron a contarle a Cristina Nicholls (@CristinaRevolt) y que ella ha decidido publicar en su cuenta de Twitter diariamente.

Lo que he leído ha sido desgarrador. Es ver y ver como el abuso es sistemático, como las estructuras de poder han levantado a los hombres, como nos vemos obligadas a contar la historia (a pesar de que algunos machitos digan que no sirve para nada) anónimamente porque qué dirán de mi si saben esto o peor aún, qué más me hará el abusador si lo delato.

Esta semana muchos hombres cuestionaron su privilegio, otros se dieron cuenta que también habían sido acosados como consecuencia de la cultura machista y los más ridículos se refugiaron en el ya conocido #NotAllMen, como si eso los fuera a hacer pasar de agache en este cuento.

Harvey Weinstein cayó (esperamos que nunca vuelva a levantarse) porque los planetas se alinearon, por decirlo en un sentido figurado. Una testigo se atrevió a contarle al New York Times on the record y con esta iniciativa se sumaron no solo esta asistente de estudio, sino hasta Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Kate Beckingsale (podemos seguir, la lista es larga).

Hasta ese momento todas mantuvieron silencio por las mismas razones que todas las mujeres a las que nos han acosado mantenemos silencio. Porque en la noche al caminar solas nos da miedo porque nos pueden atacar y violar, como si fuéramos alguna clase de presa, pero a tu hermano, a tu novio 0 a tu primo no le da miedo porque a él ¿qué le va a pasar?

Porque hay mujeres que también han mentido por perjudicar a otro diciendo que alguien las abusó y no es así. Porque el que te pega te paga la comida de tus hijos y por eso no dices nada. Hay muchas razones para mantener el silencio, especialmente si quieres avanzar en tu carrera y no puedes quejarte con nadie porque fue el jefe el que te dijo que si no fueras tan bonita (mirando con esa mirada que te da asco) te metería un puteadón ni el hijuemadre”.

Hacen falta tantos, hace falta que otra vez la situación se de y todos los que han vulnerado sean señalados. O hace falta que nos organicemos, que digamos no más, que hombres y mujeres reconozcamos el problema y decidamos solucionarlo, que no necesitemos tener a alguien cercano al que le pasó para sentir empatía por las víctimas.

El problema radica en el poder que tiene uno sobre otro, ahí es donde debemos empezar.