Los “turcos” y su extraña cercanía

Dürum. Mustafa Gemüse Kebab
Berlín, 2017.
 Por: María Mónica Acosta

Los árabes o como yo los llamo, los turcos. Así sean del Líbano, de Siria, de Irán, siempre les he dicho turcos, pero hasta este año fue que conocí a un turco de verdad verdad, nacido en Turquía. El que hace los döner en Berlín.

Si le preguntas a un libanés te dirá que ellos se inventaron el shawarma, y lo mismo dirá el turco y el iraní, y no vayas a decirles que todos son lo mismo porque te irá igual de mal a que le digas a un venezolano que es idéntico a un costeño colombiano.

Haciendo la larga fila que con buena razón se arma para comprar el dürum de Mustafa Gemüse Kebab, (es el mejor döner de Berlín sin duda), llegó el silencio prolongado de estar esperando, y yo que no aguanto ni uno cortico, algo le pregunté al que estaba al frente mío en la fila. De lo que siempre hablo, que tenía hambre y la fila nada que se movía.

Era un hombre bajito, joven, pálido, con sonrisa grande y cálida, de pelo rubio y ondulado pero su acento en inglés no era el de un alemán. Le pregunté de dónde era y en ese acento raro me dijo “sirio”.

Sirio pensé, como todos los que he visto en las noticias. Como el niño que se limpia el polvo y la sangre de la frente en una ambulancia por el ataque que sobrevivió.

Creo que abrí mucho los ojos pensando en eso, porque me volvió a sonreír. Para dejar mi torpeza, le pregunté cuándo había llegado a Berlín y me dijo que tres meses antes, había llegado caminando con un amigo, había caminado 20 días.

Y me dijo eso como si fuera lo más natural del mundo.

Otra vez volví a abrir mucho los ojos y esta vez él se rió. Me contó que su mamá era rusa y su papá sirio, por eso no parecía árabe excepto, se reía, por su nariz. Sus papás estaban en ese momento en Rusia. Él no había podido salir del país con ellos porque ya lo habían llamado al ejército, por eso decidió volarse.

Me decía que todos los políticos de Siria estaban locos. Que se estaban matando entre ellos. Tajan (no sé si escribe así su nombre) estudiaba derecho en Damasco, le gustaban los derechos humanos y quería especializarse en ellos.

Quería.

Me decía que ya no creía en los derechos humanos porque realmente no existen. No con todo lo que está pasando en Siria. Tajan no quiere seguir estudiando derecho en Alemania, dice que estar solo en Berlín es duro, pero una vez aprenda alemán y pueda mantener su trabajo (limpia y arregla cosas en hoteles) todo va a ser wunderbar.

Tajan nunca dejó de sonreír en toda la charla que tuvimos.

No tuve corazón para preguntarle en detalle cómo fue esa caminata de 20 días porque con lo poco me contó en un inglés estándar, y la expresión que hizo con sus ojos, entendí que era mejor no saber. Tajan habló con los turcos (de verdad) de Mustafa y les dijo que yo quería de todo en el dürum y que por favor me echaran mucho mucho de todo lo que había. Hablamos del arroz de almendras, me dijo que en Siria no había tabbuleh, pero sí falafel, me preguntó sobre el proceso de paz en Colombia y hablamos de lo difícil que es que el mundo entienda el problema de tu país con todos los matices.

Me dijo que Damasco era una ciudad hermosa y que ojalá lo volviera a ser después de la guerra pero que él no volvería. Me mostró fotos de la clase de alemán en la que está con otros refugiados, en su iPhone con pantalla muy rota, me podré imaginar cuándo se volvió así. Dijo que tenía el cerebro recalentado entre el alemán, el inglés, sirio, turco y las palabras en español que le enseñé. Nos despedimos y espero que siga con la misma sonrisa. Me quedé con las ganas de darle un abrazo.

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Una noche después de caminar más de 18 kilómetros según los datos del celular, me estaba partiendo de hambre. París es una ciudad obscenamente cara, y por un momento sentí lo que deben sentir los turistas en Cartagena. Entramos a un restaurante libanés y decidimos ser los Rockefeller por esa noche y no fijarnos mucho en el precio. Mi novio (que no es costeño) no salía del asombro por el señor que nos atendió. Podría ser el papá de cualquiera de las niñas con las que fui al colegio, con gafas de vidrio y marco dorado delgadito, trigueño, pelo canoso cortico y una camisa de rayas de color tierra con gris vaporosa, pero no era un cartagenero, el señor era del Líbano.

El restaurante era de una familia y al parecer algunos familiares de ellos habían apartado una mesa que atravesaba el lugar. Cualquier parecido con mi realidad, ¿era coincidencia?

Estaban varias tías, sobrinos y sobrinas. No pude entender bien qué celebraban pero se paraban, tomaban, un sobrino alborotaba a todas las tías para que bailaran y al sobrino menor le tocaba aprender a bailar con la tía. Le subían a la música, los del restaurante los mandaban a sentar y le volvían a bajar el volumen, comían otro poquito y otra ronda de lo que tomaran pasaba y otra vez se repetía todo.

Cualquier 31 de diciembre con mi familia es así:

 

Comimos mientras veíamos la fiesta, a la cual claramente nos invitaron por si queríamos bailar. Pero como les dije, mi novio no es costeño.

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Baklava y licor de dátiles.  El Farès. París, 2017.

Con los turcos siempre me siento como si fueramos los mismos, incluso en París y en Berlín.

Pienso en todos esos turcos (les dicen así porque llegaban con pasaporte de Turquía) que llegaron a Puerto Colombia, que necesitaban salir de su país como Tajan y aquí llegaron y por medio de la comida,  de su idiosincracia se mezclaron tan bien, que hoy yo aunque no tengo ningún turco en mi familia, me siento muy cerca a ellos.

También pienso en todos los que necesitan llegar a algún lado, como los venezolanos, como nuestros propios desplazados, a los que todavía les debemos una ayuda, porque el desplazamiento en Siria no fue de algunos, fue de todos. La vida de Tajan en Siria no era muy distinta a la mía en Colombia. A los que no nos tocó el conflicto colombiano es porque somos muy privilegiados y lo primero que tenemos que hacer es reconocer ese privilegio.

P.S. Bienvenidos todos los inmigrantes. Excepto tú Musa Besaile, tú eres el típico ejemplo de por qué la gente no quiere recibir a los inmigrantes.

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