Un mes de desempleo

Este fin de semana alguien me dijo que le encantaba mi honestidad en las redes sociales. Y bueno, la entrada de hoy no será la más analítica pero sí bien honesta.

Por: Silvia Juliana

El título lo hace obvio, pero dejemos todo claro, llevo un mes de desempleo no real. ¿Por qué no real? Porque sí estoy trabajando en diferentes proyectos, pero no tengo que ir a una oficina.

No tener que ir a la oficina ha sido un reto durísimo, levantarme y tener la libertad de no hacer un culo en toda la mañana es tentador. A veces la logro, a veces no, pero por lo menos intento terminar una tarea.

Los primeros días me sentí culpable por no tener que bañarme apenas abría los ojos, luego descubrí que meditar, prepararme mi propio desayuno y luego comérmelo tranquila me daba mucha felicidad, así que me calmé.

Creo que soy muy afortunada por tener la oportunidad de descansar un poco de la vida tipo bus – oficina – bus, y me gusta, pero no les voy a recomendar que renuncien porque “la vida está afuera” o cualquiera de esas huevonadas, hagan lo que quieran y puedan en medio de sus posibilidades. Yo no renuncié por esa idea (esto va para el señor que me dijo en Twitter que estaba desempleada porque quería, sapo).

Con tanto tiempo libre, entre cuidar al gato que se enfermó justo en este momento (gracias a Dios, porque fue muuuuy demorada su recuperación) y actually trabajar, he descubierto un montón de cosas de mí misma y de quienes me rodean.

Por ejemplo, toda la vida había dicho que era alguien que no cocinaba, que todo me quedaba feo, que entonces pa qué me metía en la cocina. Sorpresa amigos, yo me estaba poniendo la traba solita.

Al estar todo el tiempo en la casa efectivamente tenía que hacerme mi propio almuerzo, así que empecé a intentar platos y comidas básicas que no había preparado nunca. De este mes saco que ya sé hacer lentejas, es mi logro personal y nadie me lo va a quitar.

En todo este paseo por la magia de la comida y después de ver el documental What the health, que no lo recomiendo si tienes una mente débil, decidí que iba a comer mejor y más limpio. Así que accedí a comer verduras, porque sí, era de esas que NO comía verduras, ¿resultado? el brócoli es hasta rico.

Eso sí, no les cuento calorías ni cocino con aceite de coco.

En cuanto a cuestiones logísticas, me di cuenta que me toca ponerme tareas para cumplir diario. Sin mi agenda y mis post its quizá no hubiera logrado nada en este mes, si van a trabajar desde casa lo mejor es aferrarse a ellos con la vida.

También descubrí que a Sebastián (o sea, mi novio) le encanta oír la W toda la mañana solo para pelear y renegar de todo lo que dicen. Es muy bello verlo cuchichear como un viejo, y es muy bello para mi encontrar calma en esos pequeños detalles cotidianos.

En general todo ha estado bien. He tenido que medirme con mis gastos y he encontrado en mí una capacidad para sobrevivir y hacerle a cuanto proyecto me propongan. Porque alguien tiene que saber que aquí estoy, que no me morí, que estoy disponible.

¿Lo más difícil de todo? Aguantarme la cara de ‘esta es una vaga que la mantiene la mamá’ cada que le digo a alguien que trabajo desde mi casa. Sapos, vayan a cagar y vuelvan.

 

 

Pd: si aún tienen curiosidad, renuncié a mi trabajo de tiempo completo para poder estudiar.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s