Comer sin karma

Boston M.A., 2011

Nunca me ha gustado mucho comerme un plato de comida que ha sido hecho a la carrera, sin emoción, por salir del paso, sin ton ni son.

Por: María Mónica Acosta

Mi abuela era una mujer muy práctica y ocupada, por lo que no tenía tiempo para dirigir a sus empleadas para que le hicieran un menú especial a su nieta, que casi todos los días, pedía algo distinto a lo que servían de almuerzo en la casa.

Aprender a comer de todo y de cualquier forma que esté preparado, es algo que le agradezco a ella y a mi mamá. Pasé muchas horas de la tarde contemplando una torta de berenjenas, o en su defecto, una torta de acelgas, que de alguna manera tenía que digerir si me quería parar de la mesa del comedor antes que sirvieran la comida. Esa es una técnica muy efectiva para dejar de ser un comensal quisquilloso.

Hasta que empecé a vivir sola fue que aprecié la ventaja de alimentarse de granos para obtener proteína (barato, barato) y no de un animal. Al pollo, al pescado, al cerdo y a la carne de res y de cualquier otro animal, toca quitarle el sabor a muerto, que puede ser rico pero cuando comes mucho pollo, créeme que deja de ser tan agradable.

Según Michael Pollan, en su documental Cooked es necesario hacerle un honor en su preparación al animal que nos vamos a comer. Que seamos ya casi ignorantes que al pollo toca deshuesarlo, verle las venitas, que toca destripar un cerdo o descamar un pescadito, es culpa de la distancia que hemos tomado del sacrificio que hacemos diariamente para poder alimentarnos y sobrevivir.

Pensar que las costillitas del cerdo vienen de la naturaleza así limpiecitas, cortadas, apenas para ponerlas en el asador con salsa BBQ, es un fracaso como especie. Elegir qué comer y cómo este alimento ha sido producido, se ha vuelto una acto político por el impacto que la industria alimentaria está teniendo en nuestro planeta. Nuestro desarrollo de la tecnología suele ir mucho más rápido de lo que nos toma darnos cuenta, cómo ese avance impacta nuestro entorno y a nosotros mismos.

Comprar alimentos orgánicos o animales que no han sido maltratados, se ha vuelto una propuesta de valor en el mercado. Algo que si bien es más costoso, se ha vuelto una tendencia muy acogida en un país como Colombia, que no es exactamente de altos ingresos en la mayoría de sus habitantes. Si bien esto es una situación irónica, no soluciona cómo vamos a alimentar a toda la población mundial en unos años, que no podrá pagar alimentos tan caros.

Según algunos maestros espirituales de la India, comer animales por placer aumenta nuestro karma para futuras reencarnaciones, para bajarlo, se recomienda ser vegetariano. Quizá, reconociendo el esfuerzo que toma limpiar y aprovechar cada una de las partes de un animal, preparandolo de una manera que le haga honor (ocho horas en un horno, hasta que se caiga la piel del hueso) nos perdonen cocinarlos, para poder alimentarnos.

O frito, cualquier cosa frita es llegar al cielo.

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